Los cielos y la tierra 

en Ignacio Zuloaga


Textos: Lola Soto vicario

“Las imágenes oscuras, confusas e inciertas tienen mayor poder sobre la fantasía para producir pasiones más grandes que el que tienen las que son más claras y determinadas”.  



                                                                                                                                    Edmund Burke

Los paisajes de Ignacio Zuloaga (Éibar, 1870 - Madrid, 1945).
La España negra hecha pintura.


El paisaje como expresión artística más personal es portador de la emoción y el sentir profundos del pintor si su quehacer pictórico es genuino y sincero. Si esto sucede, el paisaje con figuras no es un mero telón de fondo, sino que interactúa con los demás elementos de la composición. Hemos dirigido la mirada a los retratos de gran formato de Ignacio Zuloaga. Y nos fijamos y estudiamos principalmente sus fondos, lo que más llama nuestra atención, su carácter y su intención con respecto a las figuras. 

El talante y el tono resultan notoriamente sombríos, dramáticos, extraños y turbulentos en todos estos paisajes, que resultan como apocalípticos y tempestuosos. Son como visiones o fantasmagorías que no nos dejan indiferentes cuando los contemplamos con ojos de pintor. Es más, nuestra atención  se va siempre allí, a esas armonías oscuras, a esas turbonadas de negro frías, prácticamente abstractas, como torbellinos de pintura que nos arrastran hasta lo ignoto, lo incierto, lo inasible, en definitiva, hacia el misterio de la pintura. 

“Doña Adela Quintana Moreno”. 1910
La figura parece surgir del celaje amenazante del fondo.

Estos fragmentos de pintura tan gestual parecen ocultar fuerzas invisibles desatadas y de una naturaleza desconocida. Observamos el vigor de esas pinceladas, abiertas, poderosas, arrebatadas, construidas casi instintivamente, simplificando absolutamente todo: “(…) dibujar y luego, desdibujar (…) hacer mucho para luego, deshacer encima (…) pensar siempre en el conjunto”, como afirma el propio Zuloaga. 

“Doña Purita”. Sin fecha 
El arrebato con el que se ha construido el  potente claroscuro del fondo 
incide sin duda en la percepción de la psicología del personaje. 

“María Teresa Llavallol, Señora de Atucha”. 1917
El gris envuelve por completo al personaje y 
parece aludir a un temperamento melancólico.

Zuloaga ha visto y ha entendido muy bien al Greco y a Goya, ha asimilado su expresión y se ha sentido completamente identificado con su oscuridad y su  modernidad, con sus luces dramatizadas, manipuladas, completamente subjetivas, con sus cielos torvos y amenazadores, de armonías muy sobrias y color esencial. Y todo ello se hace evidente al volver a mirar de cerca estos paisajes de los fondos de sus obras que tanto nos atraen, que nos hacen percibir las  figuras  de forma monumental, como dotadas de un espíritu ciertamente quimérico, pues llegan a formar parte de esa tonalidad oscura, dramática, apenumbrada, de los ambientes que las envuelven. 

Francisco de Goya. “Peregrinación a la Fuente de San Isidro o El Santo Oficio”. 1820-23

El Greco. “Vista de Toledo”. 1597 

Ignacio Zuloaga. “Paisaje de la Rioja”. 1935
Un punto de vista elevado permite una amplia 
panorámica de la escena.

Estas ambientaciones lúgubres parecen hablarnos sobre el lado oscuro del alma de los retratados, situados participando de esos cielos negros de tormenta, que también encontramos  muy cercanos a Turner y a otros románticos.

J.M.W. Turner. “Tormenta de nieve. Aníbal y su ejército cruzando los Alpes”. 1812 
El elemento "sublime" de grandeza compositiva y rotunda oscuridad en el paisaje romántico.

Ignacio Zuloaga. “Mujeres con mantillas y perro en primer plano”. 1899
El "negro" es el elemento que ambienta incluso escenas de carácter popular.

Un perceptible gusto por el negro con todas sus connotaciones, la iluminación teatral de las figuras, el profundo estudio pictórico del claroscuro en estos paisajes de fondo de los que las figuras aparecen despegadas por su dibujo rotundo, acusadamente perfilado, de líneas fuertes, cerradas: todos ellos son los recursos característicos del pintor. Estas figuras son mostradas como verdaderas apariciones, iluminadas con una luz casi sobrenatural. 

Exposición “Ignacio Zuloaga. Carácter y emoción”. Fundación Bancaja. Valencia, 2018

Exposición “Ignacio Zuloaga. Carácter y emoción”. Fundación Bancaja. Valencia, 2018

“Retrato de doña Rosita Gutiérrez” 1914 
La luz se concentra únicamente en el rostro y las manos, el resto de la 
escena queda en penumbra, representada con valores muy bajos de luz, 
y con un tratamiento formal muy simplificado de las arquitecturas de fondo.

“Tipo de Segovia”. 1906 
El paisaje castellano, sugerido a grandes rasgos y presentado 
bajo una luz espectral, asoma por detrás del personaje.

Estos contrastes tan marcados de luz, con las sombras localizadas junto a la luz máxima, los rostros con luz focalizada presentados sobre una oscuridad difusa, lo definido junto a la inconcreción, nos presentan a los personajes retratados como visiones irreales, verdaderamente espectrales aunque mediante formas sólidas, bien asentadas en la escena, de dibujo definido y esencializador. Las figuras de todas estas obras parecen formar parte de un gran bodegón, que es el cuadro compuesto por el pintor en el estudio; las percibimos, en cierto modo, hieráticas, como congeladas en el momento de posar para el pintor, representadas con una pincelada precisa, contenida, que modela y define sus rasgos más esenciales.

“Retrato de la condesa Mathieu de Noailles”. 1913
La luz se concentra principalmente en el rostro, el resto de 
elementos queda en penumbra y oscuridad máxima.

“Francisco y su mujer”. 1909
Dos tipos castellanos, figuras representadas con un dibujo de líneas 
marcadas y formas rotundas y recias, de fuerte carácter.

“Retrato de Manuel de Falla”. 1932 
Gran expresividad en la construcción del celaje de fondo, en contraposición 
a la actitud solemne y en completo reposo de la figura.

“La escritora americana Michael Strange (Mrs. Barrymore), con el Alcázar al fondo”. 1924 

El punto de vista está situado muy bajo con respecto a la estilizada figura, lo que confiere al personaje una apariencia aún más destacada y prominente, como percibida de abajo arriba.

Estos paisajes de fondo, a su manera, nos introducen en la psicología de los personajes, y parece que descubren su lado oscuro y más desconocido, a nuestro modo de ver.

El pintor escribe y nos habla de sus preferencias estéticas, y también del paisaje y de su tierra vasca:

“(…) No la siento por ser demasiado bonita, excesivamente agradable; yo añoro y persigo, lo mismo en el paisaje que en todo cuanto se ha de convertir en elemento artístico aprovechable, lo potente, lo recio, lo áspero y hasta lo agrio, manifestándose en contrastes que tanto más me cautivan cuanto más violentamente se me ofrecen.(…)”

Zuloaga había trabajado como escenógrafo desde 1911 hasta 1920, y esto marca definitivamente su manera de concebir y organizar el espacio plástico de sus composiciones, el uso tan particular de la luz y el punto de vista adoptado en los grandes retratos, a menudo de apariencia heroica y de gran dramatismo. Los personajes resultan, así, visualmente muy poderosos por sus dimensiones, su pose y su definido dibujo. Se nos revelan como iconos majestuosos, imponentes: una dama, un pintor, un personaje popular, un campesino, la actriz, el escritor célebre o un compositor. 

“Retrato de Valentine DeThomas”. 1895
El personaje surge desde el lateral de la composición, permitiendo 
que un fragmento de paisaje levemente sugerido sea visible en el lado izquierdo.

“Retrato de Don Ramón de la Sota”. 1918
De nuevo la línea del horizonte el paisaje queda por debajo de la figura, 
resaltando aún más su protagonismo y el del cielo.

Si nos detenemos a estudiar en profundidad cómo están pintados esos fondos de Zuloaga al estudiar las obras de cerca, apreciamos un tratamiento del óleo aplicado con brocha ancha, con una manera de hacer muy gestual, a grandes rasgos. Vemos que con frecuencia aplica el color muy diluido, lo que le permite obtener sugerentes transparencias que dejan entrever capas inferiores de color. Observamos que a veces emplea una preparación coloreada como base, y también veladuras sobre extensas masas de color. Zuloaga busca lo esencial, como él mismo matiza en sus pensamientos puestos por escrito, “sacrificar mucho y resaltar lo principal”.

Detalle de veladura que permite sutiles vibraciones cromáticas
en los fondos de la obra “Retrato de Valentine DeThomas”. 1895

Estos celajes azul marengo, borrascosos y amenazadores, se repiten en algunas de sus composiciones de paisaje desvinculado ya del retrato; paisajes hechos con pincelada larga, independiente y de diferente intención. Paisajes que, después de breves apuntes del natural, el pintor compone y elabora en el estudio, y les otorga un carácter y una expresión propios, de gruesos empastes, “jugando con dos tonos para hacer resaltar un tercero”, según palabras de Zuloaga.

“Paisaje de Aragón”. 1911
Economía en el uso del color, que se limita a amarillos, ocres y sombras.

“Paisaje de Burgos”. 1909
Un ejemplo de celaje muy próximo en su oscura rotundidad
visual a algunos cielos de Turner o Constable.

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El pintor nos presenta una visión completamente subjetiva de Castilla, la cual descubre por primera vez durante un viaje a Segovia junto a su hermano, en 1888.

“(…) Castilla me ha dado la plenitud de sus deslumbramientos y penumbras, sus oposiciones vigorosas de azules, granas y amarillos, y esos grises incomparables de sus lejanías caliginosas, los elementos cardinales de los fondos culminantes de mis obras, y de los únicos paisajes integrales que ha perpetuado mi paleta.”

“Segovia”. 1908

“Paisaje de Pancorbo”. 1917 
Tonalidades cenicientas del paisaje castellano.

Siguen siendo obras ricas en negros, sombrías, de color de tormenta, y con apagados crepúsculos; vemos que pinta declives, altozanos, elevaciones, hondonadas, con ritmos lineales dinámicos y grafismos y hendiduras sobre el óleo húmedo que le dan una vida propia y palpitante al lugar. Como expresa el pintor:

“(…) Castilla tosca, de estameña pobre y amarillenta, de piel rugosa, de piel vieja y formas nítidas. (…) Esta colosal Castilla que me obsesiona, fijada en la tela de un refajo, la más grosera de todas, con pinceles de hierro forjado, sin otros colores que el ocre, el amarillo y el negro.(…)”

Tierras esenciales, celajes aún más sintetizados, de tiniebla y viento, hechos pintura viva, con expresión enérgica y carácter muy marcado, de armonías sombrías y contrastes soberbios, pincelada densa y decidida que pinta “paisajes desolados y como enfurecidos”, así los describe Ortega y Gasset.

Detalle de “Catedral de Segovia”. 1909
Acusado contraste lumínico en las arquitecturas, formalmente muy sintetizadas.

Y es el negro, en definitiva, el elemento tétrico, el color del 98 con el que Zuloaga nos desvela la naturaleza oculta, desconocida, oscura, fascinante, latente, ensimismada y menos comprensible de lugares y personajes. La identidad de la España en el fin de siglo, profunda, dramatizada, individualizada, mostrada como visión apocalíptica vista y sentida en sus obras con un trasfondo crítico, meditado, grave, austero, que es, a fin de cuentas, su manera personal de mirar y pintar la tierra, los cielos y los hombres de su tiempo.

“La víctima de la fiesta”. 1910
La violenta tormenta y el negro más profundo 
se ciernen sobre la España sombría del 98. Carácter y dibujo.

BIBLIOGRAFÍA: 

 

CALVO SERRALLER, F.: "Paisajes de luz y muerte. La pintura española del 98". Tusquets Editores. Barcelona, 1998.

LAFUENTE FERRARI, E.: "Los paisajes de Ignacio Zuloaga". Editorial Revista Príncipe de Viana, Pamplona, 1948.
"Cuadernos Ignacio Zuloaga 1". Editado por la Casa Museo Ignacio Zuloaga. Zumaia, 1995.


WEBSITES CONSULTADAS:

https://fundacionzuloaga.com/

https://www.museobilbao.com/

https://www.museoreinasofia.es/
https://www.museodelprado.es/

https://www.tate.org.uk/

https://www.fundacionbancaja.es/


Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de los museos referenciados anteriormente.

Las conclusiones de este estudio están basadas en la observación directa de la mayoría de las  obras por parte de la autora en diferentes museos, instituciones y exposiciones.

Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).

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Lola Soto Vicario